"A la hora en que cierran los bares", de Soledad Puértolas
Nunca nos habÃa causado el menor problema. Él se limitaba a estar ahÃ, en la barra, serio, dignamente, mientras nosotros hablábamos, gritábamos y reÃamos. Nosotros, mucho más que él, éramos los borrachos. Sólo que nosotros nos marchábamos antes. Él se quedaba siempre, hasta las dos, las tres, las cuatro...Él cerraba el bar.
